
Monseñor Ignacio González Rivera
Datos Biográficos
Información tomada del escrito:
Monseñor Ignacio González Rivera: una vida de servicio
Producido por la comunidad parroquial
Nuestra Señora de Fátima en el Barrio Rabanal del municipio de Cidra, Puerto Rico
Fue el 18 de abril de 1923 en el barrio Pesas del municipio de Ciales, en Puerto Rico, donde Ignacio vio la luz primera. En este municipio pintoresco del interior de la isla, donde sintió el llamado de servicio a la ruralía puertorriqueña.
Fueron sus progenitores doña María Rivera Rivera natural del pueblo de Jayuya y don Juan Domingo González del pueblo de Lares. Son sus hermanos y hermanas mayores: Herminia, Jaime, Francisco, Eduardo, Manuel, Benito y Carlos.
Ignacio creció junto a sus hermanos en un campo de Vega Baja donde disfrutaba jugando con su hermano Carlos. De niño parecía estar llamado al sacerdocio ya que uno de sus juegos favoritos era esconderse para celebrar la misa. Y sus monaguillos eran sus dos sobrinos. Ignacio los confesaba y les imponía penitencia.
Siendo el hijo menor de la familia y teniendo unas cualidades humanas extraordinarias, Ignacio fue el consentido. Este privilegio le permitió abogar por sus hermanos y sobrinos. Cuando éstos cometían una travesura o tenían algún problema, Ignacio era llamado o aparecía para solucionar el problema.
Creció rodeado de amigos y compañeros, pero, sobre todo al calor de una familia unida, amorosa y muy consciente de su rol como educadores de sus hijos e hijas. Cuando don Juan, su padre, daba una orden, doña María, su madre la ejecutaba y, difícilmente se podía cambiar lo por ellos decidido. Fue gracias a esa rectitud, a ese respeto y a la profunda fe, que Ignacio, sus hermanos y hermanas crecieron en el seno de una familia feliz.
Ignacio cursó estudios primarios en las escuelas Luis Muñoz Rivera y en la Rosendo Matienzo Cintrón, en Santurce, Puerto Rico. Desde niño, desarrolló gran interés por la lectura. Cuenta su hermano Carlos que Ignacio cuando niño, era un gran lector. Resultó razón de orgullo y sorpresa para los adultos que le conocían, pues se admiraban de la rapidez y exactitud en su lectura a tan corta edad. En el balcón del hogar de Ignacio se reunían vecinos a quienes Ignacio leía cuentos de Juan Bobo, los cuales conocía de memoria. En ocasiones, le dejaban dinero para que siguiera leyendo.
Don Juan, desarrolló fuertes lazos de amistad con don Pedro Albizu Campos, presidente del Partido Nacionalista Puertorriqueño y Juan Antonio Corretjer, Poeta e integrante del Partido Nacionalista. Éstos se reunían en el hogar de la familia González Rivera, donde redactaban los discursos mientras una de las hermanas los inscribía en taquigrafía. Ignacio, jugando con sus hermanos y sobrinos, parado en una lata, semejando una tarima, repetía el discurso de don Pedro.
En el 1939 Ignacio y su hermano pasaban a la escuela superior. Debido a la situación económica uno de los jóvenes debía quedarse trabajando para traer sustento al hogar. Entonces Carlos decidió quedarse trabajando e Ignacio ingresó en la Central High School en Santurce, ingresando también al curso de Comercial. Realizó su practica secretarial en el Arzobispado de San Juan, Puerto Rico, bajo la supervisión de monseñor Jaime Pedro Davis.
Durante los años de estudios, el joven Ignacio se distinguió por su afición por la literatura. Sus ojos irradiaban amor, cuando compartía con sus compañeros y compañeras de estudios sus composiciones literarias. Perteneció al Comité Literario de la escuela y durante este tiempo cultivo su oratoria.
En 1942 se graduó con altos honores de escuela superior y certificado en Comercio. Por su conocimiento y experiencia de trabajo en el Arzobispado, Ignacio fue reclutado por la Banca del país, donde se ganó el aprecio de sus compañeros de trabajo por su calidad humana.
Ignacio fue siempre una persona alegre. Pertenecía a la Parroquia Nuestra Señora del Carmen en Barrio Obrero, Santurce. Presidió la Sociedad del Santo Nombre, lo cual lo afianzó en sus inquietudes apostólicas. Se le escuchaba silbar himnos mientras caminaba, algo que disfrutaba y realizaba con frecuencia. Fue esta vivencia pastoral y la profunda vida religiosa familiar la que despertó en Ignacio su inquietud vocacional.
Cuando Ignacio le comunicó a su hermano Carlos su intención de ingresar al seminario, éste pensó que estaba loco, ya que la familia era muy pobre y se contaba con el ingreso de Ignacio para subsistir.
En 1946 y aceptando el llamado de Nuestro Señor, Ignacio ingresa al Seminario Conciliar en la Calle del Cristo, en San Juan. Luego pasó al Seminario San Ildefonso. En 1953, finalizó su formación en teología y filosofía en el Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino, en la República Dominicana. En su vida como seminarista, Ignacio fue consejero de sus compañeros y redactor de discursos y mensajes para el rector.
El 13 de abril de 1957, monseñor Davis, Arzobispo de San Juan, lo consagra sacerdote de Cristo en la Santa Iglesia Catedral de San Juan. Ejerció su ministerio sacerdotal en: Santurce, Río Piedras, Río Grande, Naranjito, Nuestra Señora del Carmen Cidra.
El 16 de junio de 1963, Padre Nacho, fue nombrado párroco de la recién creada Parroquia Nuestra Señora de Fátima en el Barrio Rabanal de Cidra, donde pastoreó esta comunidad por 25 anos. Padre Nacho expresaba: “Cuando Monseñor Davis pensó en la creación de esta parroquia rural, descubriendo mi ilusión de trabajar en el campo, me nombró párroco de ésta. Este (nombramiento) lo he considerado como una bendición y como una muestra especial de cariño del Señor hacia a mí.”
En el verano de 1971 nuestro amado Padre Nacho fue investido con sus galas de Monseñor por el Nuncio Apostólico, destacando sus méritos en el servicio cristiano. La humildad y el servicio al prójimo caracterizaron a este discípulo del Señor.
Su amor por la Parroquia Nuestra Señora de Fátima fue inmenso, Recordamos que al ser considerado a servir en otras comunidades parroquiales se entristecía y su rostro se bañaba en lágrimas. Su obra apostólica llego a cada rincón de nuestra comunidad parroquial. Cultivó amistades en y fuera de la isla. El boletín parroquial “El Peregrino” llegaba a muchos hermanos y hermanas fuera de la comunidad.
Monseñor Ignacio bautizó a 2,912 niños y niñas, celebró 806 matrimonios, aparte de las primeras comuniones y confirmaciones. Lo que no sabremos es cuántas horas pasó monseñor Ignacio ante el Sagrario orando por su comunidad... cuántos enfermos visitó y ofreció consuelo en el lecho del dolor… a cuántos socorrió y ayudó en sus necesidades; y buscó donde Dios le inspiró, ayuda económica para familias necesitadas.
Padre Nacho era un hombre de detalles, recordaba aniversarios, cumpleaños y fechas importantes de sus feligreses. Se regocijaba con su comunidad en celebraciones especiales como día de las Madres y de los Padres, Adviento y Navidad, Santos Reyes, Fiesta de la Patrona. Monseñor Ignacio procuraba que el día de Reyes cada niño y niña recibiera un humilde regalo. Para Padre Nacho todos sus feligreses estaban en su mente y en sus oraciones.
En diciembre de 1981 la salud de monseñor Ignacio comenzó a debilitarse. En todos sus años de sacerdocio nunca disfrutó de vacaciones. Su amor y entrega a la comunidad eran su mayor satisfacción y llenaban toda su vida.
El 13 de abril de 1982, Monseñor Ignacio celebró sus 25 años de sacerdocio, la mayor parte de ellos dedicados a su trabajo pastoral y apostólico en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima. En esta comunidad parroquial donde desarrollo profundas raíces en toda su feligresía.
Para el año 1985 la condición de diabetes de monseñor se agravó y hubo que amputarle una pierna. Este proceso lejos de desanimarlo lo fortaleció. Poco tiempo después regresó a su amada comunidad parroquial. Siempre con una sonrisa a flor de labio, una amabilidad y dulzura que lo caracterizaban y siempre al tanto de lo que ocurría en su comunidad.
El 16 de junio de 1988 monseñor Ignacio sufre un derrame celebrar. En varias ocasiones fue hospitalizado y luego trasladado a una casa de salud, donde sus familiares, amigos y su feligresía cuidaron de él. Monseñor Ignacio fue a disfrutar de la presencia de nuestro Señor el 13 de agosto de 1989.
El 17 de agosto de 1996 sus restos mortales fueron trasladados a la Parroquia Nuestra Señora de Fátima en el barrio Rabanal de Cidra.